LE QUOTIDIEN / KOSICE // XI EXPOSICIÓN DE VITRINAS EN HARRODS, “EL ARTE EN LA CALLE”

5to año, N ° 261 – Buenos Aires, 22 de septiembre de 1953

Kosice

La galería Bonino está como rejuvenecida, para ella también es la primavera. No es una renovación en las artes que presenta con Kosice, pintor, escultor, poeta. Uno de los creadores del movimiento Madi, decididamente renovador, entusiasta, constructivo, dinámico. Pero, dirán ustedes, ¿qué es ese nombre, Madi? Es simplemente un nombre, solo eso. Imagino que esas cuatro letras son talvez el símbolo de los cuatro recursos que van a disponer para expresarse: líneas, espacios, volúmenes, colores.

Tradicionalmente, el Madismo no retiene más que el orden, la cantidad, la geometría. No más copia, estilización, deformación de la naturaleza, no más pintura de inspiración caótica, de desorden insensato, de naturismo a ultranza o de aburguesamiento del arte. El programa es bello. Son, por cierto, más o menos las disciplinas de todo el arte abstracto, concreto, no objetivo, no figurativo, etcétera.

Los Madistas suprimen el cuadro, el chasis, el lienzo, la paleta, “todo residuo romántico” nos dice el prólogo. No quisiera por nada del mundo generar una pena, incluso ligera, al muy estimado prologuista Juan Bay, y sin embargo no estoy del todo de acuerdo con él cuando nos dice: “Sus obras no están concebidas a frío, como es el caso de artistas escultores que se sirven de las matemáticas para la representación de una forma”. Kosice utiliza el cálculo como un instrumento de disciplina. Braque decía aproximadamente lo mismo: “Me gusta la regla que corrige la emoción”. Pero Braque no temía demasiado “los residuos románticos”.

El arte de Kosice, evidentemente, no puede aclimatarse y vivir más que con una base rigurosamente científica, en la que no puede ser. Lo que no implica la pérdida de su personalidad, ya que esto es su esencia misma; bien por el contrario, su personalidad no podrá afirmarse, decantarse, y llegar a las cumbres que parece querer alcanzar.

Nos presenta un conjunto de diez y ocho esculturas, que llamaré ‘objetos volúmenes’ y ocho pinturas, ‘objetos planos’, que representan años de trabajo, que solo puede situarlo muy seriamente; estamos lejos de esas exposiciones anuales o semestrales.

Consideremos, entonces, los esfuerzos de este artista con la mayor atención y toda la comprehensión que debemos tener para una obra con las aspiraciones más elevadas y más desinteresadas.

G. D.

xi Exposición de vitrinas en Harrods, “El arte en la calle”

Es lo que esperamos todos, que un día el Arte salga a las calles. Tal vez no especialmente en las vitrinas, pero acaparando y englobando todo, que la arquitectura, escultura, pintura, electricidad participen en el embellecimiento de nuestras ciudades. Que nuestras casas estén pintadas de colores brillantes y alegres, y no de negro y sucias, que nos entristece cuando llueve; que los carteles luminosos tomen conciencia de sus infinitas posibilidades; que el cielo mismo se convierta, en nuestras noches estivales, en una inmensa pantalla en la que podríamos ver tantas fantasmagorías que los jardines no serían florentinos, Louis xiv o ingleses, pero de nuestros tiempos. Que tengamos finalmente nosotros, los hombres de la era atómica, ciudades más radiantes: tumultuosas, provocativas, dignas de Las mil y una noche, en las que todos tendríamos el derecho de morir en belleza.

Pero este título no es por mis elucubraciones. Es el de la exposición organizada por Harrods. Nueve artistas han sido invitados, sus nombres se encuentran dentro de los más representativos del arte argentino.

La personalidad de cada uno se reconoce fácilmente sin que sea necesario leer la firma, cada vitrina es muy diferente de su vecina y esto contribuye a convertir en atractiva la exposición. Hay para todos los gustos de los incontables pasantes.

El escollo era evitar al escaparatista. Lo que es bastante difícil, ya que cada uno sabe que el escaparatista, hoy, es muchas veces un verdadero artista. Las grandes tiendas, ciudadelas en las ciudades, han contribuido al desarrollo del arte en las vitrinas. En mi infancia, las vitrinas del “Bon Marché”, de la “Samaritaine”, del “Louvre” eran de una tristeza lóbrega y, ciertamente, no hacían que ningún cliente enloqueciera.

Una buena mujer que mira a mi lado asegura a su marido que se trata de artistas “existencialistas”. Se aprende algo todos los días.

Hagamos como esta dama, demos un epíteto a cada vitrina esforzándonos en generalizar con menos desenvoltura.

Pierri: ordenado; Basaldua: sugestivo; Battle Planas: poético; Larco: elegante; Soldi: sorprendente; Butler: conjunto; Domingues Neira: bella; Curatella Manes: austero.

No agregaré más nada, ya que sé que todo Buenos Aires va a ir a admirarlos. Una explicación poética ayuda a comprender la concepción de cada vitrina.

Felicitemos a los directivos de Harrods por presentarnos casi cada año esta exposición tan atractiva. Felicitémosla también por la gran libertad que les otorga a los artistas al no imponerles más que un tema muy elástico, que les permite expresarse con toda la fantasía deseada.

G. D.

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