LE QUOTIDIEN / SALON DE ARTE NUEVO, VAN RIEL, ANTIGONA // EXPOSICIONES MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES, VISCONTEA, SOCIEDAD HEBRAICA

Buenos Aires, martes, 20 de agosto de 1957

Las exposiciones

En la Sociedad “Estímulo de Bellas Artes”: Salón de Arte Nuevo – Presentación de películas abstractas de artistas argentinos

En Van Riel: Centurión, un pintor figurativo y plástico

En Antígona: Grieshaber, grabador alemán. Un expresionismo ornamental

Cuando visitamos el Salón de Arte Nuevo —o más bien este embrión de Salón, ya que hay solamente unos treinta cuadros y solamente algunas esculturas— nos tentamos a decir: “¡Qué pobreza! ¡Todo esto es muy débil!”, pero si visitamos luego un Salón oficial, quisiéramos volver a decirles a los del Salón de Arte Nuevo: “¡Ustedes son admirables!”.

La realidad es que en los dos campos hay aproximadamente la misma medida de obras pobres. Pero los artistas del Arte Nuevo tienen para ellos una calidad indiscutible: viven en el presente, son de su tiempo, más precisamente, apuestan al futuro.

La vida inventada del hombre moderno, que ama más y todavía más su vida primitiva y humana, debe necesariamente reflejarse en el arte actual. La importancia acordada a la técnica caracteriza el arte moderno. Dos estéticas en apariencia antagónicas se comparten los favores de los artistas: una, de mente matemática, la otra abandonada a los impulsos del subconsciente. Estas dos grandes líneas corresponden a la eterna clasificación: clásica y romántica, con todos los matices, todas las combinaciones y las medidas que esto puede implicar. De hecho, estas dos estéticas no son más que una misma búsqueda, una misma aspiración a una relación siempre más estrecha entre al artista y el universo. Es entonces incierto hablar de deshumanización de los temas —los cuales en todas las grandes obras de todas las épocas no fueron más que un pretexto— lo que no es lo mismo.

Para volver a nuestro Salón, notemos que la mayoría de las veces no solamente los artistas se apropian de las formas y de las técnicas ya descubiertas —lo que no es malo de por sí—, pero lo que es más graves, lo utilizan sin haberlas “vivido”. El resultado solamente puede ser fácil, inexpresivo, lúgubre, falso. Una técnica solo vale por la estética que la hizo nacer, separada de ella, hay una distorsión, desarmonía.

La mayoría de las obras de este Salón están basadas en métodos reguladores de organización del cuadro más o menos estrictos, ejercicios de cálculo más que poesía de los números, ensambles insípidos más que comprensión del poder energético de una línea, de una forma, de un color. Salvo algunas excepciones, siendo muy severos —pero los jóvenes tienen en derecho de este honor, ellos…

FALTA UN RENGLÓN

Entre los pintores de las mejores invenciones y de las mejores obras podemos citar a Alvarez, Coppola, Denot, Distéfano, Goijman Nahum, Mele, Moyano, Le Parc, Sobrino, Silva, Taradach, Villalba y Ayoroa.

Entre los escultores, Blazsco se impone, su constructivismo no se pierde; Stimm tiene buenas intenciones sin ningún cuidado en la ejecución; St. Clair mal presentado; Gero, diestro.

La atracción de esta exposición fue la presentación de tres películas de arte abstracto, dibujado, pintado y filmado por artistas argentinos.

La de Blazsco ofrece un interés didáctico y a veces también poético. Las sucesivas etapas de la organización de sus esculturas pudieron comunicar. Las líneas de construcción se juntan, se mezclan, se agrupan, aparentemente según una geometría instintiva que se transforma cada vez más consciente, para lograr un dibujo que define una estructura general. Toda esta parte es muy animada, seguimos con interés el nacimiento de la obra. Luego aparece la escultura, y en ese momento el ángulo ce captura, o más bien la falta del ángulo hace que la película se detenga, y sea entonces una fotografía. A parte de este error, fácilmente reparable, esta película —primer intento de este artista— es muy apreciable.

La segunda, del pintor fotógrafo Makarius, es de un oficio más sabio. Es un montaje muy logrado de las publicidades luminosas del Buenos Aires de noche. La película comienza realista y termina abstracta en fluorescente y con juegos de colores mágicos, pictóricos. Un leitmotiv que aporta descansos y soportes.

La tercera, del joven pintor abstracto Tozas, que tiene menos oficio, pero mucho encanto. Es una sucesión de colores más que de formas, muy variados en los valores de las tonalidades, de las texturas, con la intención del ritmo que dan las estructuras. Se trata de una buena transposición de la expresión pictórica a la película.

 

Entre las películas argentinas, la personalidad de Centurión está bien definida. La simplicidad de su visión es más que nada una recreación, procediendo por colores locales sinceros, llenando las formas y delimitando los espacios. Las invenciones son sutiles: relaciones de vacíos y llenos, de intensidad y de calidad de tonalidades. El dibujo naturalista no cae en el realismo, estas pinturas son de alguna manera tratadas a la manera de las estampas japonesas, dueñas ellas también de un muy exacto sentimiento de las relaciones del volumen y del espacio. Pesos, volúmenes y luz son aportados por un dosaje justo de los colores, un trazo negro se agrega a veces para afirmar una forma o una profundidad.

Si después de algunos años Centurión dio a veces la impresión que estaba comprometido con un impasse, esta exposición nos dice que ha salido.

Grieshaber es de la generación de artistas alemanes considerados como indeseables para el régimen hitleriano, y sus obras clasificadas como “arte degenerado”.

Las experiencias humanas, a menudo trágicas, y la vida material difícil, empaparon el carácter de este artista, una calidad de hombre, una nobleza marca su obra. Grabados en madera —tal vez también en linóleo— de grandes dimensiones, recuerdan el oficio de las impresiones orientales sobre algodón, tan ornamental.

Las obras de Grieshaber tienen una tendencia expresionista, enfrentan grandes arabescos vagamente naturalistas, de tonalidades generalmente negros con complementarios sobrios y extraños que contribuyen a crear una atmósfera romántica bien de su raza.

 

Germaine Derbecq

Buenos Aires, martes, 27 de agosto de 1957

Las Exposiciones

En el Museo Nacional de Bellas Artes: Arte Americano - Homenaje a los delegados de la Conferencia Económica Interamericana

En Viscontea: Móviles de Mauro Kunst – Esculturas, construcciones móviles

En la Sociedad Hebraica: Pinturas no figurativas – Elogio del “pequeño formato”

El Museo de Bellas Artes participa con una exposición de Arte Americano a un evento de la vida del país y de la Capital: la Conferencia Interamericana que tiene lugar en este momento en Buenos Aires.

No le podemos pedir a esta exposición que muestre una visión general de la calidad del arte americano; la organización improvisada fue propuesta más como un gesto de cortesía que como objetivo artístico. Fue necesario encontrar entre los coleccionistas argentinos y en el fondo del museo obras de cada uno de los países americanos.

Si embargo, podemos de todas maneras darnos cuenta que la influencia del arte europeo es poco sensible en las obras de América Central, mientras que es esencial en las de los Estados Unidos y de América del Sur.

El dramatismo, el exotismo, el folklore, lo decorativo y casi siempre lo figurativo caracterizan la mayoría de estas obras.

El brasileño Portinari y el cubano Wifredo Lam, los dos grandes maestros de América ibérica son representados cada uno por dos pinturas. Estos artistas poseen un poder de persuasión poco común. En uno es el dramatismo de una violencia excepcional, un paroxismo desencadenado; en el otro, un exotismo auténtico, tal vez herencia de tres razas reunidas, comunicando a las obras una resonancia compleja, en la que se agregan todavía destellos de plasticidad europea, sin embargo, sin alterar la sabia original. Ellos tampoco pueden ser juzgados por las obras de esta exposición. Portinari, el pintor con personalidad múltiple, expresa aquí solo la faceta dramática, en cuanto a Wifredo Lam, conocido por sus formas extrañas y su exuberancia, está aquí calmo y sobrio —sin perjuicio de los colores y de los símbolos cargados de fuerzas oscuras—. Sería bueno que un día Brasil organice una exposición completa con obras de Portinari, lo mismo para Cuba, una de Wilfredo Lam.

Entra las otras obras interesantes, las de tres chilenos: Carbacho, González y Luis Varas Rosas —que vivió en París—, un cuadro encantador que nos recuerda al pintor surrealista André Masson. Dos uruguayos muy conocidos y muy parisinos: Pedro Figari, que logró el desafío de ser plástico-folklórico-ingenuo, Torres García, que pasó de la expresión sensible a un constructivismo. Encontramos también al brasileño Aldeo Martins, cuyo grabado es muy decorativo, una tercera pintura de Portinari, obra de juventud sin dudas, la marca sensible de Lazare Segall, algunos cubanos: Carreño, Orlando, Oswaldo, René Alis Portocarrero y otras obras de artistas de Colombia, de Guatemala, de México, de Ecuador, de Bolivia, de Paraguay y de Estados Unidos.

Por el lado de las esculturas, América del Norte está representadas por una obra excepcional, un móvil de Calder —que no está puesto en valor— y por una escultura decorativa de Flamagan. Chile por Lorenzo Domínguez, Brasil por Bruno Giorgi y Argentina por Noemí Gernstein,

En cuanto a las pinturas argentinas, estas fueron seleccionadas según dos tendencias. Figurativa: Daneri, Victorica, Spilimbergo. Abstracta: Del Prete, Ocampo, Sarah Grilo. Los une Pettoruti.

Todas las obras están netamente influenciadas por los movimientos pictóricos que se fueron sucediendo en Francia desde principios de siglo. Lo que pierden en carácter y en originalidad lo ganan en plasticidad y en marcas sensibles, una cosa compensa a la otra, no hay que quejarse.

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El estudiante de arquitectura Mauro Kunst expone en la Galería Viscontea tres “móviles” que testimonian su comprensión plástica y su sentido poético.

Los móviles son ingeniosas construcciones metálicas, o de nylon, de las cuales se balancean en las extremidades, o entre ellas, pequeñas formas de colores. La particularidad de estas construcciones, suspendidas o en el suelo, pero desplegándose en el espacio, es su movilidad. Ante la menor corriente de aire se animan como si buscaran incansablemente encontrar una estabilidad en un verdadero movimiento perpetuo.

Es el escultor americano Calder quien fue el primero en imaginarlas. Se las llamaba “móviles” e incluso “esculturas”. Es evidente que, si nos apegamos al sentido literal, el término “escultura” es impropio, pero no lo es si admitimos que una escultura es un volumen que corta el espacio, sugiriendo las profundidades, por lo tanto, los volúmenes, por la superposición de los planos limitando el espacio para las pequeñas formas.

Los móviles de Calder sugieren a menudo una flor maravillosa, como una síntesis de un árbol o de una planta, dotados de movimiento ellos también. Los de Mauro Kunst tienen otro carácter, a veces oriental, otras veces arquitectónico.

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El prólogo del catálogo de esta exposición no figurativa pone el acento en el “pequeños formato” de las obras. Los de mi generación no pueden haber olvidado “Tout Petits”, una exposición —un siniestro recuerdo— organizada en una galería muy parisina. El formato no excedía el de una postal y la estética similar.

Pero aquí los expositores fueron muy bien elegidos. Los mejores cuadros son sin dudas los de Lidy Prati, que no respetan el reglamento del formato. Estas muy lindas pinturas de tendencia concreta, incluso concreto ortodoxo. Una comprensión personal sutilmente inteligente de problemas plásticos permite a esta artista encontrar sus propias soluciones. Clorindo Testa, más misteriosos que nunca, está muy cómodo en el pequeño formato. Chab, surrealista, un poco al extremo. Sakai desliza grafismo japonés en el manchado. De la Vega parece más expresivo de siempre. Encontramos también a Álvarez Borda, Di Segni, Anita Payro y Villalba.

Esta exposición agradablemente disparatada, ¿va a contribuir —como lo desea el prologuista—a valorizar el pequeño formato? Sabemos muy bien que dos manchas de color sobre un pequeño papel toman el aspecto de una obra maestra. Tememos que se trate de fomentar lo fácil. Pero siempre hay que confiar cuando hay buenas intenciones.

 

Germaine Derbecq

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