LE QUOTIDIEN / GEORGES MATHIEU, PROMOTOR DE LA PINTURA // INSTANTANEAS PARISINAS. UNA INAUGURACIÓN MUY PARISINA

Miércoles, 25 de noviembre de 1959

Georges Mathieu, promotor de la pintura.

Exhibe en Bonino obras ejecutadas la noche anterior de la exposición

Pintar los cuadros la noche anterior de la exposición no era hasta ese momento una garantía de calidad. Sin embargo, es de esta manera que Georges Mathieu ejecuta sus cuadros. Pinta delante del público, pero ciertamente no es por puro exhibicionismo, sino solamente por demostrar uno de los imperativos de la pintura directa: la espontaneidad.

Pintar delante del público intencionalmente es nuevo en occidente. Es sin embargo una costumbre muy oriental. Sería bueno que hagamos propia esta costumbre, esto acercaría al público de los artistas, las incomprensiones podrían ser de esta manera menos profundas e irreductibles, y además es un espectáculo que vale la pena ver. Genera un verdadero placer para los que aman la pintura y podría ser, para los refractarios, el medio por el que la amen.

Pidámosles a los arquitectos que nos construyan “pintódromos” para las nuevas generaciones de Pintores de Acción.

Pero los artistas protestan: “el tiempo de ejecución de una pintura no nos interesa — dicen—, sino el resultado”, y tienen razón. El resultado es y será siempre lo que cuenta, lo que el artista tiene para decir. Pero la cuestión no se encuentra aquí.

La Pintura Directa de Georges Mathieu, como su nombre lo indica, solo puede ser ejecutada rápidamente para estar de acuerdo con ella misma, expresar los impulsos profundos, la estética, sin la intervención consciente del intelecto. Los surrealistas lo intentaron, pero una actitud literaria y un oficio fotográfico no permitieron el perfecto desarrollo de una intención plástica profunda, a parte de algunas excepciones que… SIGUE EN EL OTRO ARCHIVO de pág. 87

…que fueron excelentes testimonios, como Miró, por citarlo solo a él. El impulso profundo, la estética, está como proyectada directamente sobre el cuadro, por intermedio del oficio, que se convierte en cómplice del acto creador, desplegando imaginación y fantasía, pero siempre sobre un plano exclusivamente material. El intelecto —la técnica— interviene solo de una manera oculta, una especie de regulador —el ojo atento que dirige una usina electrónica—, en oposición fundamental con la actitud del pintor abstracto geometrizante que expresa su estética por la técnica o por el medio intelectual, los cuales son predominantes y esenciales. El oficio no tiene más que un rol anulado de buen artesano, actitud tradicional que existe desde el Renacimiento, mientras que un Turner o un Monet, ilustraban la actitud estético-oficio.

La Pintura Directa, o la abstracción lírica de Georges Mathieu, es la expresión de su comprensión aguda de lo que significan e implican cien años de libertad adquiridos, es la toma de posesión de esta herencia, una continuación lógica de la toma de conciencia de las liberaciones. Libertades plásticas adquiridas dificultosamente o alegremente, con sus idas y vueltas más o menos gloriosas, sus interrupciones más o menos fastidiosos, cuya marcha inexorable derribó todas las Bastillas, un camino jalonado de innumerables obras maestras, que se igualan a las más grandes de los tiempos pasados. Estamos ahora en la fase en la que Mathieu llama “del abstracto a lo posible”.

Algunos dirán que durante mucho tiempo él ha disertado, pero que no saben lo que piensa él de la pintura de Georges Mathieu. Para permitirse juzgar la pintura, y sobre todo un pintor que propone actividades nuevas, hay que conocer bien su obra. Las pinturas que hay en la Galería Bonino no nos aportan tal vez todo lo que el pintor nos había prometido. Podríamos reprocharle un espacio aún personal que solo pide manifestarse y a veces se manifiesta, espacio sugerido por diferencias de valor utilizados y espesores en relieve. Estas son las secuelas que resisten todavía, traiciones subconscientes que no desmienten el valor del proceso plástico que Georges Mathieu es sin dudas, más que ningún otro, capaz de llevarlo a buen término.

Numerosos pintores en Francia, y aún más en Estados Unidos, se adhirieron a esta tendencia que designamos todavía por los términos de manchado, expresionismo, abstracción, pintura informal, pintura de acción.

 

Germaine Derbecq

Instantáneas parisinas. Una inauguración muy parisina

Cuando se trata de una inauguración, y en particular la de un extranjero cuyo estilo ha sido blanco de tantos comentarios en la prensa, las pinturas y los aficionados del arte se encuentran como miembros dispersados de una familia.

A pesar de la lluvia tan detestada por los porteños, numerosas eran las personas que se habían dado cita el lunes a la noche en la Galería Bonino en la que estaban expuestos los cuadros de Georges Mathieu, pintor francés de 38 años.

Ya desde la entrada, delante de las fotos de Mathieu, tomadas durante el curso de sus numerosas giras alrededor del mundo, y que lo muestran en plena acción, la discusión es importante.

En el interior, una atmósfera densa. Calculo unas cuatro personas por metro cuadrado.

Un gran hombre joven, pro Mathieu sin dudas, saluda a un exegeta del Dodecafonismo con estas palabras: “¡Está directamente inspirado por nuestra música!”. Obtiene una exclamación aprobadora como respuesta.

A propósito de la música, una bella seguidora, de mirada lánguida, pasa justo por ahí y comenta: “¡Pero es sencillamente un Debussy!”.

Un poco más lejos, un grupo está inmerso en un debate vehemente sobre lo figurativo y lo no figurativo.

Mi progresión hacia los cuadros es lenta. Muchas manos para saludar. Percibo los primeros rostros “oficiales”: el arquitecto Samuel Oliver, secretario del Museo de Bellas Artes, el Sr. Rafael Squirri, director del Museo de Arte Moderno, el agregado cultural de la Embajada de Francia, el Sr. Jean Dadieu, y su esposa.

Hice una parte del camino con el escultor Curatella Manes que me confiesa que “es un artista del que se hablará durante mucho tiempo en Buenos Aires”.

La Sra. Wrede, una pintora parisina muy solicitada por las casas reales europeas, observa e intercambia luego algunas opiniones con nuestra crítica, Germaine Derbecq. De a poco se van acercando Héctor Basaldúa, Horacio Butler, Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Clorindo Testa, Kasuya Sakai —con su mujer a su lado, en Kimono, lo que aporta una nota exótica—, y Miguel Ocampo.

Al lado, los jóvenes pintores Fernando Maza, Mario Puccarelli, Julio Noé, Rómulo Maccio, y muchos más, que parecen emocionados. ¿Les gusta Mathieu, no les gusta?

Manuel Mujica Láinez, muy escuchado, me dice rápidamente cuando paso a su lado: “Me gusta esto”.

Finalmente, pude abordar al maestro, de silueta ascética, que imperturbable se concentra con la crítica de Ernesto Ramallo.

En resumen, asistimos en Buenos Aires a una inauguración muy parisina.

 A. de S.  

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