LE QUOTIDIEN / EXPOSICIONES

7mo año – N ° 199 – Buenos Aires, 3 de agosto de 1955

Exposiciones Aquiles Badi en Bonino

Las pinturas de Badi son cuadros ordenados con un conocimiento de la tradición del cual se sirve con virtuosidad. Son paisajes compuestos, espectáculos, escenografías puestas en escena por un director muy experto, alcanzando algunas veces un lirismo cuando es atrapado por la visión de los grandes cielos nublados o por las perspectivas de una Venecia de fiesta.

Incluso los temas intimistas evocan el teatro o la comedia. No a causa de los trajes, sino más bien por la manera de destacar los personajes y las formas.

En sus últimos cuadros, tenemos la impresión de que estaría dispuesto “a dejarse sorprender por la naturaleza” y que no le exigiría someterse tan rigurosamente a su voluntad.

Sin dudas, a fuerza de trabajo, de experiencias, de meditaciones, a fuerza de interrogar los motivos y los maestros, Badi comprendió que hay que saber olvidar mucho de lo que uno sabe para dejarse conducir por la intuición absoluta. Entonces, la técnica se modifica y de maestra pasa a estar al servicio.

Cuando Cézanne decía que “querría hacer las naturalezas de Poussin” cuando intentaba arrancarles los secretos a los paisajes, es se apegaba a las búsquedas en un orden más estético que plástico.

 

Esculturas de Machi en Hebraica

Maillol dijo un día: “Lo difícil es escaparle a la naturaleza. La naturaleza es decepcionante: si la mirara menos, no la haría más real, la haría más verdadera. Hay que ser sintético, hay que obtener veinte formas a partir de una sola, como lo hacen los escultores negros.

Estas observaciones de un gran escultor y de un gran espíritu podrían ser analizadas por Machi que está preparado para recibirlos. Dueño un buen oficio, ya ha realizado intentos de evasión, incursiones interesantes hacia un arte que, siendo representativo, ya es sintético, expresivo y plástico.

Pero, a juzgar por las apariencias, se encuentra en un momento crucial. En su obra, las figuras presentan, en ciertas partes, generalmente en las cabezas, algunas deformaciones obligatorias por los planos y la luz, aunque los cuerpos están solamente esquematizados sin ninguna transposición. Seguramente, Machi duda rechazar costumbres seculares por sentir que no responden a las intenciones estéticas. Pero antes de embarcarse en caminos desconocidos, procede con extrema prudencia. Sin importar la dirección que tome, figurativa o abstracta, encontraremos sin ninguna duda todas las mismas cualidades y los mismos dones: el equilibrio y la elegancia de las formas, la delicada sensibilidad, el sentido de la construcción y de los planos.

Es él quien tiene que saber si se animará a traspasar esa etapa de talento, lo que le costará peligrosas investigaciones plásticas, pero al mismo tiempo le permitirá alcanzar un arte más absoluto.

 

Presas en la Galería Antígona

Presas es uno de los pintores figurativos valorados de la nueva generación. Entre las obras que presenta, los dibujos parecen ser los más logrados. Las formas se desvanecen en un espacio suficiente, las relaciones están bien consideradas, el grafismo expresa formar y colores. Así mismo, cuando nos propone un dibujo y una pintura sobre un mismo tema, no es una demostración convincente, ya que necesariamente un dibujo que ya expresa el color no puede estar recubierto de pintura sin haberse modificado.

En sus dibujos encontramos algunas veces a Picasso, mientras que en sus témperas ejecutadas con gamas de colores fríos y misteriosos, en el contorno de los rostros y en los enormes ojos, percibimos reminiscencias medievales —efectos de vitral o de esmaltes—. Presas está visiblemente preocupado por encontrar su estilo. Lo busca allí donde cree que es el mejor lugar para encontrar lo que necesita, como ejemplo y como confirmación.

 

Germaine Derbecq

7mo año – N ° 208 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1955

Las Exposiciones 

Líbero Badií en Krayd

Con sus nuevas obras en aluminio y en bronce, Badií parece haber encontrado una expresión escultórica que está realmente en acuerdo con él mismo.

Enlaza, con autoridad, las formas que sugieren estructuras humanas, según ritmos que se responden, y de los cuales la hábil composición asume exactamente en los espacios y en los sólidos el lugar que tiene que ocupar y el rol que tienen que tener. Es que Badií conoce bien los recursos plásticos de la escultura y sabe jugar con ellos. La apariencia abstracta que nos propone es sobre todo una esquematización, todavía muy naturalista, en la que bastaría con agregar algunos volúmenes para encontrar los cuerpos en su totalidad.

La escultura en mármol, ejecutada con conocimiento en el oficio de la talla directa, oficio que Badií conoce bien, y con un sentido artístico muy seguro, se afirma en otro sentido. Las intenciones morfológicas en el juego contrastado de dos volúmenes son más puras.

En cuanto a las litografías que constituyen un importante álbum, editado por la Galería, son dibujos de los bocetos de sus esculturas, lo que permite seguir los serios estudios efectuados antes de realizarlas. Estos dibujos están agrupados de manera muy ingeniosa, conformados de acuerdo a la superficie del papel. Pero ese talento poderoso nos recuerda que son dibujos que esculturas.

El arte de Badií es profundamente sensual dentro de la elección de sus temas, y en su esencia. Es también muy inteligente por lograr la utilización y la transformación de las enseñanzas que recibe de todo lo que ve para su provecho. Sin ninguna duda, este excelente escultor tiene ahora a su disposición los medios para lograr la verdadera creación plástica.

 

Roberto Rossi en la Sala v en Van Riel

Las pinturas de Rossi son cadenas de manchas de colores muy agradables. Sin delimitaciones precisas; con solamente algunos valores más fuertes, o acentos de color más saturados y más vibrantes, fijando e inscribiendo la forma evanescente de una fruta o de un objeto; con una sucesión de “pasajes” que difuminan los contrastes que pasan uno al lado del otro, en el que los contornos se diluyen como si estuvieran ligeramente borrados. Delante de estas pinturas, pensamos en un Odilon Redon, que no sería simbolista. Es que la atmósfera irreal, apreciada por Rossi, no expresa sueños ni visiones, solamente objetos familiares, impresiones de paisajes. Es una obra puramente pictórica, complaciéndose con las variaciones casi sin temas, para el placer de jugar con bellos pasteles coloreados.

Este arte de emoción sensual, visibilidad sensible, que creó una dispersión de la forma y del color, logró adquirir una aparente unidad, pero al precio de sacrificios bastante arbitrarios. Si los colores, y particularmente los complementarios, manejaran el juego, el artista ganaría al liberarse de la presión de las formas naturalistas poco elocuentes, lo que le permitiría tener vía libre a las emociones sensibles coloreadas para lo que parecería estar particularmente dotado.

 

Germaine Derbecq

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