LE QUOTIDIEN / EL ARTE FRANCÉS DE HOY EN EL CENTRO CULTURAL DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA DE CARACAS

// LAS EXPOSICIONES

8vo año – N ° 249 – Buenos Aires, 06 de septiembre de 1956

Tomás Maldonado, profesor en la Escuela Superior de la Forma de Ulm

La biografía de Maldonado nos enseña que no es solamente un pintor y un dibujante, pero también un publicista, autor de escritos teóricos, miembro fundador del Grupo de Arte Concreto, director de la revista “Nueva Visión”, y que fue llamado en 1954 como profesor en la Escuela Superior de Dibujo —o de la Forma— de Ulm, cuyos programas tienen por objetivo el de desarrollar una nueva cultura coherente, en armonía con nuestra época tecnológica. Además, desde hace algunos meses, preside el consejo de profesores de esta Escuela.

Lo que la biografía no nos dice es la visión y el espíritu crítico constructivo que son característicos en este nuevo artista. Todavía más, una cultura verdadera y extendida, una mente reflexiva y filosófica, una rica sensibilidad y una imaginación que lo salvan del frio intelectualismo y del dogmatismo. Su personalidad se liberó enseguida con un relieve particular cuando entró en disputa en 1947, con una pintura concreta. Una actitud sin equívoco. Lo que Maldonado dijo un día sobre el arte concreto es exactamente lo que se puede decir de sus pinturas: “Están saturadas de ideas que les transmiten sutilmente su contenido a los espectadores, ya que en realidad se trata de eso. Exaltan el racionalismo y la fe en el poder de la invención estética, comunicando, como otras manifestaciones, no los estados morales de renuncia o de angustia, pero de alegría y de voluntad constructiva”.

Sabemos que las escuelas de Bellas Artes esclerosadas demostraron, desde hace ya mucho tiempo, que son no solamente inútiles, pero nefastas a pesar de los tratamientos rejuvenecedores que se les hizo padecer tanto en Francia como en otros países. Tratamientos superficiales que no sirvieron más que para reafirmar un academicismo de izquierda, que no era necesario.

Si Ingres fue el último gran pintor de formación académica es que, como ya lo dijimos, “la naturaleza violentó al pintor”. El hecho que Cézanne fue rechazado de la Escuela de Bellas Artes de París por el motivo que “pintaba en exceso”, indica la actitud beata y gregaria, los estrictos criterios de esta docta institución. La única reforma integral de la Escuela de Bellas Artes que podría ser válida, siendo por el momento un poco realistas, es una organización cultural y técnica, como la Escuela de Ulm, con vistas amplias, bien ancladas en las corrientes de ideas y en las realidades de sus tiempos, con la mirada puesta hacia el futuro, esa es la sola eficaz.

Es seguramente a Alemania que le llegará el mérito de haber creado las Escuelas de Arte Decorativo y la de Arte Aplicado, cuyas búsquedas experimentales han brillado en el mundo entero. Desde 1980, en Múnich, el problema de la forma estaba en el primer plano, en 1900, el arquitecto belga Van de Velde organizó las Escuelas de Arte Decorativo de Weimar, en el que era cuestión del poder representativo de la línea y del poder que tenía para expresar la sensación.

Es con la Bauhaus de Weimar, fundada en 1918 por Gropius, que fue planteado claramente el problema de la enseñanza de las artes con un objetivo nuevo: hacer concordar las necesidades artísticas con las necesidades industriales y la estandarización. Alejarse de las formas tradicionales, no por originalidad ni por deseo de modernismo, pero por estricta deducción de los problemas planteados. Una formación artesanal que debía triunfar del amoldamiento académico y una sección artística en la que profesaba Kandinsky, que metía el acento sobre lo espiritual en el arte, cuando Klee insistía sobre la creación a la manera de la naturaleza y no de acuerdo con ella.

Si la Escuela Superior de la Forma de Ulm puede ser considerada como una continuación del Bauhaus de Weimar y de Dessau, es en su espíritu, ya que no solamente difiere, pero hay una ruptura con las antiguas preocupaciones. A pedido de la cultura moderna, siguió un contenido moral de la creación, “la obligación de crear formas, ya sea para el uso o para la percepción estética, que sean formas libres y responsables”. A la expresión de sí mismo, fue sustituida la vigilante inteligencia creadora. Y, sobre todo, se trata ahora de preparar los equipos para la segunda revolución industrial: el automatismo, “un momento crítico en las relaciones del hombre y la naturaleza, del hombre y la máquina”. Preparar personalidades que pueden reaccionar eficazmente en el ámbito del creador del producto industrial. La Escuela de Ulm no pretende responder a todos los problemas que se va a plantear el desarrollo de las técnicas, pero puede resolver algunos. A diferencia del Bauhaus, en esta escuela no se aprende pintura ni escultura. Sabia determinación, dejando el campo libre a la creación individual estética, las bases dadas en los cursos fundamentales garantizando una autenticidad en las búsquedas. Estos cursos comprenden, más allá de los de comunicación visual, la información: fotografía, tipografía, cine, radio, televisión, etc., el dibujo industrial, cursos de cultura general: sociología, economía política, psicología, historia general e historia del arte. Una institución profesional que se relaciona con los problemas de la vida actual.

Maldonado fue invitado en julio pasado por el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro para la presentación de una exposición de trabajos y para la organización de la Escuela de Ulm (el Museo tiene la intención de crear una escuela similar). Pronunció también las conferencias en las que se extendió explícitamente sobre el curso de iniciación visual que comprende, entre otros, la teoría de la simetría, la de Gestalt, la semántica y la pragmática visual. En Buenos Aires, brindó una conferencia en la Facultad de Arquitectura sobre “La educación frente a la segunda revolución industrial”.

No es necesario insistir sobre las amargas reflexiones que cada uno puede hacer pensando que son dos países extranjeros que supieron reconocer las excepcionales calidades de Maldonado. Intentemos ser optimistas y constructivos a fin de no ver más que el lado positivo: Maldonado, uno de los primeros pintores argentinos, sin dudas el primero, que fue llamado como profesor en una escuela de arte plástica europea.

 

Germaine Derbecq

8vo año – N ° 255 – Buenos Aires, 13 de septiembre de 1956

El 350.a aniversario de Rembrandt

El Museo Nacional de Bellas Artes hizo venir especialmente de Nueva York un cuadro de Rembrandt, que es presentado en una sala de pinturas holandesas del siglo xvii, para conmemorar el 350.a aniversario del nacimiento del pintor.

La famosa luz misteriosa y dorada de las pinturas de Rembrandt —destellos del arenque ahumado, decía Théophile Gautier— pronto será únicamente una leyenda. Cuando hace unos diez años se limpiaba la célebre pintura La ronda de noche, y que fue quitado medio centímetro de la suciedad y del barniz secular que la recubría, se descubrió con estupor que esta ronda de noche era una ronda de día: la tonalidad general se había vuelto clara y los colores vivos. Muchos se indignaron, gritaron antes la profanación, afirmando incluso, sin reír, que Rembrandt había podido especular sobre esta transformación químico-artística del tiempo, y que era por lo tanto un sacrilegio no respetarlo. Una vez más se confundía el espíritu con la materia, los juegos del azar con los de la conciencia, el aspecto con la estructura. Las obras de Rembrandt no serán menos granes ni menos misteriosas sin el maquillaje del tiempo, los méritos no residen dentro del “polvo de sombra y oro”, sino que en la auténtica inteligencia plástica del pintor.

Hoy tenemos un poco la tendencia de atribuir la creación artística a causas supernaturales. No un asunto más que del subconsciente, de escritura automática, de “rechazo”, de paraísos artificiales, cuando sería mucho más justo poner el acento sobre la inteligencia plástica del artista y su consecuencia en la técnica.

A nadie se le ocurriría la idea de buscar de donde viene la inspiración para un ingeniero que debe crear una nueva forma de avión. El artista, como el ingeniero, es un técnico. Los datos de estos problemas son las constantes plásticas: los ritmos, la armonía, las relaciones, los contrastes, etc. Y los elementos que utiliza: las formas, los colores, las líneas, los signos, etc.: El éxito dependerá de una conciencia lúcida, de una atención sostenida, de un sentido crítico despierto, de un trabajo constante, de esfuerzos perseverantes —de los cuales incluso los artistas con genio no están excluidos—. Especulación puramente mental, en la cual la intención y el instinto participan, pero en la misma medida y en el mismo título que participan a la edificación personal de cada vida, a la técnica de cada existencia. Ni más ni menos. El siglo xvii fue la Edad de Oro para la pintura holandesa. La Reforma había desviado a los artistas del camino a Roma, una vez la independencia adquirida, afirmada la conciencia nacional. No más rey, no más príncipes para servir, no más palacios para decorar, solamente ricos burgueses para satisfacer y para retratar. La técnica del pintor holandés será realista, pintará sus interiores, sus paisajes, dos siglos por delante sobre la pintura europea, que no se deshizo del academicismo más que por etapas.

Rembrandt fue también realista, pero aportó su estilo, resultado de su técnica. Loco de luz, la luz fue el fundamento de su estética. Para expresarla, compuso sus cuadros y sus grabados con masas de sombras y claros, integrando sus personajes y sus temas en esta idea preconcebida de claro-oscuros, modelando con el color dentro de la luz, no delimitando los contornos de los personajes, de los objetos, de los árboles, incrustándolos en el fondo por “pasajes”, creando de esta manera una unidad, una profundidad, un espacio.

El cuadro que presenta el Museo, Isaac bendiciendo a Esaü, es un problema pictórico sin complejidades. Es sin dudas una obra de juventud. La composición muy simple, repartida clásicamente un tercio de luz por tres tercios de sombra. La luminosidad no está atenuada por el modelado de la cabeza de Isaac, en los tonos claros y cálidos que hubieran podido ser pintados por Renoir, y el cubrepiés rojo con flores por Matisse. El negro de la cabellera de Esaü, integrado en la parte oscura aporta vigor y una profundidad constructiva. La realización moderna de esta pintura es chocante. Muchas academias llamadas modernas no enseñan otra cosa, desde hace treinta años, más que los principios pictóricos ilustrados por Rembrandt. Pero no es de esta forma que se puede perpetuar la tradición, a lo sumo el oficio. Son los impresionistas que respiran por cuenta propia la búsqueda de la luz, pero esta vez por el color. La ciencia les había dado los medios con el descubrimiento de la disgregación de la luz y los trabajos de Chevreul y de Helmholtz sobre los complementarios. Los contrastes simultáneos, o modificaciones mutuas de la línea y del plano, fundamentales en las obras de Rembrandt, fueron demostradas más tarde por los mismos sabios. Los cubistas, en sus experiencias analíticas, retomaron este principio, luego de Cézanne, para descomponer los volúmenes en planos, cada plano está precedido por un contraste.

El gran artista, el genio, que se reconocen por su manera de conquistar su técnica. Que no la toman prestada a nadie, que componen para ellos, a través de ellos, con el contacto de la vida y de las obras de sus predecesores. Amparándose a veces en recursos más heteróclitos, en las sugerencias más inesperadas, transformándolas para su uso personal, que es la expresión de su estética.

 

Germaine Derbecq

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