LE QUOTIDIEN / BUTLER EN BONINO // EXPOSCIONES: GARAVAGLIA Y JOSE MANUEL MARAÑA

8vo año – N ° 198 – Buenos Aires, 6 de julio de 1956

Las exposiciones: Butler en Bonino

Que Butler no haya estado destinado a participar de las peligrosas investigaciones que han hecho la gloria del arte contemporáneo no le quita sus cualidades, que son evidentes: la probidad en el empleo de recursos pictóricos, el rigor de la composición y la organización del cuadro, y la aplicación de sus conocimientos extendidos para trasladar los elementos tomados de la realidad.

 

Podemos situar a Butler entre los artistas que fueron clasificados como pintores de la Escuela de París. No es amable, pero no resume para nada una tendencia, ya que englobaba, más allá de la pintura tan característica de los israelitas, los naturalistas y los eclécticos —con los cuales se puede relacionar a Butler—. Estos superponían intenciones idealistas a una realidad humana, y su arte, que aprovechaba las técnicas conocidas, estaba sometida a la tradición de museo.

Estos eclécticos eran, por un lado, artistas formados al lado de pintores refractarios al Cubismo, como Friesz (con el que trabajó Butler), Derain que les dio la espalda a sus amigos fovistas y cubistas declarando: “Fui más bestia que los otros”, y por otro lado, por numerosos pintores iniciados en esta famosa Academia Ranson que desde 1908 fue la primera academia de vanguardia. Los Nabis le daban clase, pero Maurice Denis y Serurier fueron sus verdaderos pilares. Pintores discutidos, teóricos apreciados y maestros venerados. Un clima particular reinaba en esos talleres, manteniendo un cenáculo y un salón mundano, pero se les daba una enseñanza muy estricta y muy nueva para la época, ya que se trataba de tinturas planas, tonos cálidos y fríos, secciones de oro, etc. Sin embargo, el tema estaba lejos de ser abandonado. Maurice Denis les proponía a sus alumnos —o más bien sus discípulos—en su curso de composición un tema bíblico o histórico que debían describir explícitamente con los rigurosos recursos plásticos. Es lo que Butler ha intentado realizar de alguna manera en el cuadro intitulado Fundación de Buenos Aires, que presentó en su exposición. Aunque seguramente nunca conoció a Maurice Denis, Butler, que llegó a París hacia 1924, pudo conocer a numerosos pintores de la Academia Ranson convertidos en vedettes del Salón de Otoño, luego en Les Tuilleries, que lo influenciaron profundamente.

Pero como lo demuestra la historia del arte, la continuidad se efectúa por pasos y por rupturas en las estéticas y en las técnicas. Pintores como Friesz, Maurice Denis y Derain —por citar solo a ellos— no lo comprendieron. Se empecinaron en perseguir la tradición a través de las apariencias de museo. Se apegaban a la razón reflexiva, no oyeron los ángeles de lo irracional, las voces del conocimiento verdadero.

Butler, encerrado él también dentro de sus límites estrechos, se arriesga a ser arrastrado hacia errores similares. Sin embargo, se siente una cierta inquietud a través la aparente placidez de las pinturas de esta exposición. El futuro nos dirá si tendrá el coraje de arriesgar una reputación bien establecida por los peligros de la exploración de lo desconocido.

 

Germaine Derbecq

8vo año – N ° 199 – Buenos Aires, 7 de julio de 1956

Las Exposiciones 

Garavaglia en Galatea

Garavaglia se desprendió finalmente de las líneas de construcción que compartimentaban sus pinturas y no las construía siempre.

Para guardar un contacto con una representación o con alusiones a la naturaleza, los pintores figurativos actuales se encontraron con grandes dificultades, más aún tal vez que los abstractos, acusados muchas veces de estar cortos de imaginación.

Garavaglia se decidió por la identificación pictórica del objeto animal, desnudos o cabeza, como recurso: el dibujo bien delimitado y de colores transpuestos. Si su oficio ganó en virtuosidad, su estética está en la más grande indecisión. Duda entre un expresionismo picassiano, un neo clasicismo al estilo Campigli, y los objetos en el espacio de Léger. Las luchas de un joven artista para desprenderse de la neblina que lo rodea y de los demonios que buscan llamar su atención en las peores emboscadas, son a menudo dramáticos, pero son necesarios. Los que triunfan, reciben su recompensa, es lo que le deseo a Garavaglia.

 

José Manuel Maraña en la Sala v

La de Moraña no es ciertamente una pintura atractiva ni hábil. Las torpezas abundan y las brutalidades también, pero esto no está hecho para desagradar en este tiempo en el que hay tantos artistas astutos, demasiado hábiles, demasiado tibios y demasiado empalagosos.

De toda esta rabia al pintar, ¿qué podrá resultar? Artistas han demostrado que a un desencadenamiento de sensualidad pictórica, a un frenesí de color y de pintura, puede producirse una revisión de valores y el más bello equilibrio. Cézanne puede ser puesto como ejemplo. No le temamos a las comparaciones muy elevada, siempre hay que aspirar a lo mejor.

 

Germaine Derbecq

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