LE QUOTIDIEN / EL OFICIO, LA TÉCNICA Y LA ESTÉTICA EN LAS ARTES PLÁSTICAS

7mo año – N ° 216 – Buenos Aires, 25 de agosto de 1955

El oficio, la técnica y la estética en las artes plásticas

Oyendo hablar de las pinturas y de las esculturas nos damos cuenta a que punto ciertas palabras, de las cuales el sentido no está bien definido, contribuyen a causar algunos malos entendidos que reinan entre los artistas, los críticos y el público.

Se sienten más peligrosas estas palabras trampas porque parecen inofensivas, no presentan, a primera vista, ninguna dificultad de interpretación.

Entre ellas, ‘oficio’, ‘técnica’ y ‘estética’ pueden estar señaladas como culpables de muchos malos prejuicios; la mayor confusión gira alrededor de estos tres términos. Es, sin embargo, bastante fácil diferenciarlos, ya que el ‘oficio’ no es más que un conjunto de recetas y procedimientos, ligados a una habilidad de la mano, permitiendo copiar lo que se ve, la ’técnica’ en la que el artista no copia más la naturaleza sino que la inventa por medio de equivalentes plásticos, y la ‘estética’, o conjunto de intuiciones plásticas del artista en relación con sus sentimientos más profundos y su visión espiritual del universo, es al mismo tiempo el objetivo y el impulso de la obra.

El principiante que se ejercita para adquirir el oficio, que confunde a menudo con el arte en sí, si tiene madera de verdadero artista, percibe rápidamente que esta habilidad no le aporta todos los medios para expresar plásticamente lo que ve o lo que quisiera dominar. Es que para el pintor que desea superar esta etapa inferior de la copia, se plantean problemas aparentemente sin solución. Como, por ejemplo, el de representar sobre superficies como papel, tela o una pared personajes u objetos que son los volúmenes, o representar paisajes en tercera dimensión: la atmósfera, la profundidad y la luz.

Es la reflexión que había hecho Cézanne cuando dijo: “A la naturaleza la quise copiar, pero no lo lograba. Sin embargo, me alegré cuando descubrí que el sol no se podía reproducir y que había que representarlo por alguna otra cosa: por el color”.

Dificultades en otro orden de cosas, pero muy reales, se presentan para los aspirantes a escultura cuando lo más talentosos constatan igualmente que una copia fiel, ver incluso un molde, no dan la impresión del volumen real, y lo que es más sorprendente es que estos moldes no son siquiera similares. Para dar la ilusión de la realidad, el escultor debe establecer una sucesión de planos o perfiles que, reunidos, constituyen los volúmenes.

Con la ayuda de la técnica, que es un método intelectual basado sobre las leyes de los contrastes, de los ritmos y de las relaciones, el escultor y el pintor realizan la transposición indispensable que les permite llegar a una equivalencia de lo verdadero. Si la técnica es una fase más elevada que el oficio, no es tampoco un objetivo final. Por otro lado, no es inflexible, no es gramática compleja de reglas rígidas, ya que está íntimamente ligada a la estética y que esta no es, al principio de las investigaciones de un artista, más que oscuros impulsos, persistentes llamados del instinto, imperiosas directivas ocultas que llegan solamente de manera progresiva a la conciencia plástica. Picasso dijo a menudo: “No teníamos la intensión de hacer cubismo sino de expresar lo que estaba en nosotros”.

De la misma manera, el organismo humano es al mismo tiempo materia, intelecto y espíritu, la obra de arte, verdadero organismo ella también, es oficio, técnica, estética y se encuentra con que sus elementos son interdependientes, siguiendo una jerarquía bien determinada: la estética concibe, la técnica expresa, el oficio realiza.

Lamentablemente, no es siempre así. Es por eso que hay tantas obras malas, mediocres o banales. Encontramos las que expresan una fe ciega por el oficio para abrir las puertas del paraíso del arte y que no llegan más que a ser copias, como fotografías; aquellas que llegan a la perfección gracias a fórmulas, resumiendo las técnicas de artes antiguas y del Renacimiento del siglo xvi, impuestas por la Academia hace tres siglos y que no logran más que al academicismo; y también las que no están ligadas a una estética, que son solamente un cuerpo sin vida, una nueva forma de academicismo, el academicismo de izquierda. De derecha o de izquierda, es la degradación de un instrumento puro de la forma. Notemos, al pasar, que en este academicismo de izquierda podemos guardar un gran número de obras modernas. Y finalmente, hay múltiples combinaciones de estas tres actitudes que corresponden a todas las expresiones del arte.

Estos términos de oficio, técnica y estética están bien comprendidos, y pueden ayudar a los que quieran reconocerse en el laberinto del arte moderno. Dedicándose a descubrir cuál es, en una obra, la actitud adoptada por el artista, es factible, en la medida de lo posible en este ámbito sin verdadero punto fijo, determinar el contenido de una pintura o de una escultura.

 

Germaine Derbecq

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