LE QUOTIDIEN / LA ARQUITECTURA Y EL PÚBLICO

6to Año – N° 272 – Buenos Aires, 5 de octubre de 1954

La arquitectura y el público

En la exposición de nuestro tiempo, muchas personas se asombraron de ver proyectos arquitectónicos lindando con las pinturas y las esculturas.

Entrevisté al arquitecto Horacio Pando, profesor en la Facultad, a fin de que exponga su punto de vista sobre el alcance y la oportunidad de esta exposición.

Germaine Derbecq: ¿Cuáles fueron sus reacciones ante la presentación insólita de proyectos arquitectónicos expuestos conjuntamente con pinturas y esculturas?

Horacio Pando: Le confesaré que a primera vista estuve sorprendido y desconcertado. Es la primera vez que vemos una exposición de este tipo en Argentina, y no es habitual someter proyectos arquitectónicos y urbanísticos al juicio del público. Para volver a mis impresiones, debo agregar que a la sorpresa le siguió un interés creciente ante esta tentativa. A tal punto que, literalmente atraído por esta exposición, regresé con frecuencia encontrando cada vez un ambiente misteriosamente animado, debido sin lugar a dudas por las sorpresivas obras arquitectónicas, esculturales y pictóricas, así como a los intercambios de ideas con los pintores y escultores que me encontraba allí.

Estoy ahora convencido de la eficacia de este tipo de exposiciones que no podrá más que abrir nuevos horizontes hacia una colaboración más estrecha de las artes mayores.

GQ: Entonces, ¿esta colaboración no se había hecho jamás en Argentina? Por supuesto, no hablo de decoración, de recargar, sino de integración, de síntesis, desde la concepción de la obra. Seguramente no ignora que en Europa los arquitectos se entusiasman para esta muy vieja verdad, nuevamente muy actual. Para que se desarrolle, el espíritu de equipo es indispensable. ¿Cree que los artistas argentinos se someterían a esta disciplina?

HP: ¿Por qué no? El espíritu de equipo de desarrollará el día que los artistas comprenderán la eficiencia de la cooperación. En cuanto a las modalidades de aplicación prácticas, estas llegarán por sí solas.

»Le diré que, personalmente, no la concibo todavía muy claramente. Me parece que estaría bastante desamparado de tener cerca de mí un escultor y un pintor para concebir mi arquitectura y que estaría incluso tentado de pensar: ¿qué me queda para hacer? Esta desconfianza proviene probablemente a mi método de trabajo que a primera vista excluye toda colaboración.

GD: Sé que para usted la resistencia del material determina la estructura y, por consiguiente, la plástica y también la policromía. Sin embargo, cuando busca una forma arquitectónica, un plástico podría proponerle soluciones en cuanto al espacio que, como arquitecto, no habría podido tal vez encontrar; lo mismo para él, el escultor sin la arquitectura no sabría crear formas. En cuanto al pintor, puede haber acuerdos, gamas de colores que el arquitecto, por su formación misma, salvo casos excepcionales, no está muy cerca de concebir.

HP: Es cierto que es este un campo casi inexplorado, son conjeturas extremadamente seductoras, y sin ninguna duda, un camino que podría conducir hacia realizaciones imprevisibles. No debemos descuidarlo, pero estudiarlo con mucha atención.

GD: ¿Podría la sección de arquitectura y de urbanismo de la Exposición de Nuestro Tiempo darnos una idea aproximada de la amplitud y del valor del movimiento que se afirma cada día más?

HP: Para un primer intento de este tipo, hay que reconocer que su significado es muy válido. Los expositores tienen todos una gran personalidad y los proyectos son más que honorables. Sin embargo, no podemos negar que ciertas tendencias están ausentes, lo que es realmente una pena. Habrían aportado otros talentos y también otra diversión, ya que nótese que en esta exposición todos los jefes de grupos son discípulos de Le Corbusier.

GD: ¿Los arquitectos están agrupados por tendencias, como es el caso de los escultores y de los pintores?

HP: De la misma manera, siguen un maestro, una tendencia, pero a diferencia de otros artistas, se juntan para colaborar.

En esta exposición, podemos reconocer tres grupos distintos: el grupo Kurchan, Ugarte, Riopèdre, Guidali, Comastri, Bacigalupo. Luego el grupo Bonet-Peluffo, Vinanco. Finalmente, Amancio Williams y sus discípulos, que forman el grupo O.A.M, Horacio Martinez-Carrera, Nedulia Peluffo y yo mismo. Todavía queda un independiente, Juan Fischer.

GD: ¿Cuáles son los temas preferidos de los arquitectos?

HP: Podemos notar que hay mayor cantidad de casas privadas que otras construcciones. Los industriales, los administrativos, las grandes compañías no han sin dudas entendido aún la importancia de las realizaciones arquitecturales modernas, obras de arquitectos y no de constructores, obras puras y no bastardas. Sin embargo, la experiencia a probado que el obrero, el empleado que trabaja en estos ámbitos armoniosos obtiene un mejor equilibrio y un mejor rendimiento.

GD: ¿Es sin duda su responsabilidad, la de los arquitectos, que no establecen plantes para las colectividades?

HP: No lo niego. Pero hay que considerar nuestras dificultades materiales. Este tipo de planes, estudiados seriamente, representan un inmenso trabajo cuya realización casi no tiene esperanzas. La situación del arquitecto es trágica. El escultor y el pintor no dependen de nadie, el arquitecto está condenado a jamás materializar sus ideas a menos que se resigne a claudicar y a ofrecer únicamente lo que la costumbre ha consagrado.

GD: No terminemos con una nota pesimista, encaremos el futuro con confianza. Argentina es un inmenso terreno, no hay que olvidarse de eso. Las nuevas y bellas ideas arquitectónicas se van a concretar, no lo dudemos. Y tal vez más rápidamente de lo que podamos creer. Dígame, nuevamente, ¿no sería deseable que el público en general se interese por la arquitectura? Por falta de información, seguramente, la consideramos a menudo con una mentalidad horrorosamente retrógrada de la misma manera que no percibimos la interdependencia entre el desarrollo y el comportamiento armonioso de un ser, de la casa en la que vive, la ciudad donde reside, etcétera.

HP: Le aseguro que, si el público supiera elegir, muchos edificios y casas no podrían estar construidos como lo están actualmente. Lo que sería para el bien de cada uno y el de todos. Como lo marca usted, justamente, hay un problema social y humano de la arquitectura que el público debería reconsiderar. En este sentido, esforcémonos para ofrecerle todas las herramientas para que pueda resolver con nosotros, con un conocimiento de causa.

 

Horacio Pando, Germaine Derbecq

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