LE QUOTIDIEN / GALERÍA MULLER

6to Año – N° 254 -  Buenos Aires, 14 de septiembre de 1954

Arquitectura, urbanismo, escultura y pintura de nuestro tiempo en la Galería Muller

El lunes que viene, el 20 de septiembre, se inaugurará en la Galería Muller una exposición con una nueva fórmula en Argentina ya que reunirá la arquitectura, el urbanismo, la escultura y la pintura.

Manifestación oportuna, sin duda alguna, ya que la unión de estas artes es cada día más estrecha y esto puede confirmarse en todos los países del mundo.

Es evidentes que las ciudades o las viviendas no pueden edificarse armoniosamente sin ellos, de igual manera que sabemos que de cerca o de lejos un gran número de industrias utilizan ideas plásticas.

Pero aquí hay una discriminación que debemos establecer. Si el trabajo en común de las artes mayores es el ámbito de los artistas, las aplicaciones de los descubrimientos estéticos son del ámbito de los artesanos. Sin embargo, hemos a menudo planteado conclusiones un poco apresuradas de estas colaboraciones y hemos acusado al artista moderno de desatender el arte por realizaciones más utilitarias, lo que no es exacto. No aspira ni a montar en un pedestal ni a descender de este. No aspira más que a realizar su misión, que es la de crear sin presiones y sin concesiones.

Pero sería deseable que cada uno tome conciencia del importante lugar que ocupa el artista en la sociedad, así como de su excepcional desinterés. ¿Podemos imaginar un solo instante lo que sería nuestra vida sin la música, la poesía, la arquitectura, la escultura y la pintura, así como sin las artes menores de todas ellas?

No obstante, cada uno podrá reconocer que es con indiferencia, si no es con menosprecio, que en general las nuevas estéticas son bien recibidas.

Si, en efecto, admitimos que el arte es la expresión profunda del hombre y de su reacción con el universo, cada época debe tener su arte. Rehacer lo que ya se ha hecho es perseguir apariencias, recrear cuerpos sin alma, atrapar las sombras. Los antiguos no han cometido tales errores.

Aceptemos el arte de nuestro tiempo, seamos prudentes en nuestros juicios, como jueces con la conciencia de haber cometido muchos errores judiciales cuyas consecuencias han sido a menudo irreparables. Acordemos para los artistas que trabajan con nosotros una comprensión más amplia y más desinteresada.

Hace un año, comenzaba esta columna con un artículo: Buenos Aires podría ser la ciudad de las artes de América del Sur. Formulaba este deseo con conocimiento de causa, ya que, entre los numerosos factores favorables, la gran cantidad de artistas orientados hacia las nuevas estéticas, con convicción, entusiasmo y el deseo de legítimas investigaciones no podría más que inspirarme confianza.

La mayor parte de estos artistas estarán reunidos en esta exposición. Algunos faltarán ya que aunque la Galería Muller es amplia no es lo suficiente como para recibir a todos.

Esta manifestación tendrá como objetivo el de dar un panorama más completo del conjunto de investigaciones plásticas nuevas en Argentina. Conjunto, creo yo, que demostrará considerablemente la amplitud del movimiento y el valor de los artistas.

 

Soldi en los de Wildenstein

Entre los artistas de renombre, Soldi tiene una personalidad aparte, una manera de pintar muy propia. Habiendo ya hablado en varias oportunidades de sus decoraciones, hoy me ocupo de sus cuadros de caballete.

Soldi capta sutilmente la textura de las cosas, sensitivamente, táctilmente. Esta aptitud de devolver la calidad de la materia no ha sido en absoluto despreciada por grandes artistas. Pensemos en las cintas, en las joyas pintadas por Ingres, así como en la pulpa de las frutas, de las carnes, de las flores de Renoir, pero con la diferencia que para estos pintores era una consecuencia de su estética y no un objetivo.

De los cuadros de Soldi se desprende un encanto desfasado, como el de esos ramos marchitos, sederías anticuadas, cartas amarillentas encontrados en los muebles de los ancestros, cargadas de mensajes emotivos.

Podemos todavía percibir algunas reminiscencias de ciertas pinturas chinas o budistas, con contornos difuminados y con tonos suavizados, o también a algunos biombos de laca o de coromandel.

Todos estos cuadros son agradables, hermosamente pintados por un artista de gusto delicado, pero a los que les faltaría tal vez un ápice de inquietud lacerante que lastima el corazón de los hombres.

 

Jonquières y Kazuya Sakai en Kryad

Fortuita o no, el encuentro de las exposiciones de estos dos artistas incita a establecer relaciones, ya que tanto uno como el otro comparten sus vidas entre funciones burocráticas y la pintura abstracta.

No es por casualidad que lo remarco, sino claramente con la intención de observar al pasar que, contrariamente a lo que se piensa, el artista de nuestra época, si quiere expresar libremente, debe sacrificar la mitad de las horas de su existencia.

Es el caso de estos dos artistas dotados y sensibles, cuya inteligencia plástica es evidente, pero que no pueden seguir la finalización de una obra con la continuidad deseada. Nos ofrecen una hermosa lección de desinterés y de amor al arte. Sus pinturas aspiran a una pureza plástica, están voluntariamente despojadas y concienzudamente organizadas. Más alegres en el oriental, más austeras en el sudamericano. Para el primero, los juegos de colores simples y francos, para el segundo, las tonalidades raras. Jonquières, que se comprometió ahora con el arte abstracto, llegó ya a lograr relaciones, colores, formas y valores. En cuanto a Zakai, es muy evidente que sus últimas pinturas son comprendidas más en profundidad que las del año anterior. Deberá ahora poner toda su atención a quitar de ellas su personalidad.

Todo esto no implica que las obras de esto pintores encierren solo que promesas. Hay en ellas mucho más que esto. Pero no es solamente a artista con este tipo de valores que enviaría calificativos elogiosos. Saben tan bien como yo lo que quiere decir “pintor”.

 

Minerva en la Galería Plástica

Las investigaciones de esta artista pueden aparentarse a la de varios otros pintores argentinos de tendencia figurativa moderna, influenciados fuertemente por el Cubismo, vagamente por el Impresionismo y al mismo tiempo el grafismo medieval de lo escultores no lo dejarán indiferentes.

No podemos más que felicitarlos por haber elegido tan buenos guías, pero para aprovechar sus enseñanzas hay que penetrar profundamente la significación.

Además de eso, hay que elegir el modo de expresión, elegir también los elementos de la naturaleza. Elegir lo que todos los seres humanos deben hacer a lo largo del día y de igual manera para los artistas.

Cuando Picasso pintas sus figuras, algunas que parecen monstruos, eligió ciertos elementos antes que otros, y la necesidad de la organización plástica lo obligaban a deformaciones, como ese ojo cíclope y esa nariz bovina. Sin intentar atrapar la realidad de la naturaleza, pero la realidad pictórica. Picasso nos devolvió un ser de una realidad alucinante más verídica que la verdad misma.

Vemos claramente en los cuadros de Minerva que posee vastos conocimientos, las mejores intenciones, una sinceridad indiscutible y, sin embargo, no logra extraer su personalidad. Nadie duda de que si reconsiderara las bases de los problemas plásticos que se plantea, y si se contentara al mismo tiempo en deshacerse de costumbres, y tal vez de escrúpulos, lograría liberarse completamente y también expresarse claramente.

 

Germaine Derbecq

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