LE QUOTIDIEN / LAS EXPOSICIONES

6to Año, n° 213 – Buenos Aires, 27 de julio de 1954

Las exposiciones

Galería Witcomb

La Galería Witcomb, la más antigua de Buenos Aires, asumió durante un cierto número de años, con dos o tres otras galerías, la formidable responsabilidad de preparar el gusto artístico del público de la Capital. Era una hermosa misión que requería mucho amor por el arte y altruismo para poder llevarla a cabo.

En la primera sala, esta galería nos presenta retratos en óleo, en pastel y en carboncillo de Raúl Manteola, con una intención plástica resuelta.

Luego, en la segunda sala, pinturas del artista andaluz Ginés Parra. Mujica Láinez, en el prefacio de su catálogo nos enseña que este pintor conoció muchos países y muchas tendencias, algo que podemos creer sin duda alguna. Pero retuvo muchos recursos y a menudo contradictorios, sobre todo porque no aplicó los principios de las estéticas que pudo conocer. Así mismo, sus pinturas son confusas, la expresión difícilmente se deduce.

En cuanto a la tercera sala, son naturalezas muertas de Doria Santelli, con la invariable temática de flores y peces. Pinturas de una realidad objetiva, sin poesía, realizadas con un trabajo en el que subsisten aún las huellas de recetas académicas.

En la cuarta sala están reunidos los artistas de la galería, todos pintores muy estimados y que conocemos bien: Larco, Tiglio, Russo y Presas. Este último, representante de la tendencia moderna de extrema izquierda, mientras que Larco es el de la extrema derecha.

 

Forte en la Galería Plástica, Garavaglia en la Galería Kryad

Podemos acercar estos dos artistas, no solamente porque hacen parte, tanto uno como el otro, de un grupo figurativo moderno, pero sobre todo porque tienen el mismo deseo de expresión plástica, franco en los colores y en la composición.

Si Forte y Garavaglia se inspiran aún en la naturaleza o si siguen poseídos por ella, saben que ante todo hay que organizar el cuadro. Con la ayuda de los descubrimientos plásticos de los últimos cincuenta años, componen sus pinturas.

Para Forte, el color es lo esencial. Partiendo de uno dominante, ya sea por la naturaleza o arbitrariamente, armoniza su composición. Este color dominante está en general saturado al máximo y es en ese momento cuando tiene que intervenir todo el arte de un pintor para determinar la formas y las dimensiones. Por otra parte, limitando su objetivo, llega a una cierta unidad, pero la síntesis le conviene mejor que el análisis. Es posible que un día la aprobación por la pintura le tienda alguna trampa. Será interesante, entonces, ver cómo podrá evitarla. Podemos confiar en Forte ya que es uno de los pintores más capaces de la generación.

Para Garavaglia, la organización arquitectónica de su lienzo y la del espacio son los principales objetivos. Por este motivo, era natural que mirara del lado del Cubismo, pero me pregunto si comprendió bien el significado. Como ocurre con frecuencia, y con la mejor intención, tomamos a menudo el exterior en lugar del interior, lo accidental por lo esencial, lo que nos valió a muchos artistas tantas telas cortadas por líneas locas, partidas en dos, bajo el pretexto de construir. Los andamios no son la construcción y si a menudo son bellos necesariamente un día hay que quitarlos. Garavaglia tendría la tendencia de caer en este error. Si deben conservarse necesariamente ciertas líneas “fuertes”, Garavaglia debería evitar soluciones tan fáciles como los senos poliédricos. Tenemos a veces una indulgencia exagerada por hallazgos que perjudican la obra, como parásitos. Fuera de esas restricciones, este pintor tiene cualidades y dones, fineza en los colores y una elegancia natural.

 

Aquiles Badi en la Galería Bonino

Es una pena que un artista fino y sensible como Aquiles Badi haya desembocado en un tal preciosismo e insipidez. ¿Será que no habría pensado demasiado la pintura? Es posible que no haya querido saber que uno tiene que ir tras ella como cuando se tira al mar. Para no ahogarse, existen todos los recursos aprobados por el arte de pintar. Badi habría podido llegar a ese momento mágico que conoce el aprendiz de natación cuando descubre que el agua lo “lleva”, de la misma manera que conoce el artista cuando se da cuenta de que la pintura lo lleva. Es en ese momento que casi todo está permitido: zambullidas y descubrimientos plásticos. Badi no habría realizado solamente pinturas inteligentes, sino pintura a secas.

 

Lan-Bar en la Galería Van Riel

Este pintor tiene una predilección por los colores violentos y crudos, por los empastes opacos y pesados, por la expresión espontánea, vehemente, desordenada incluso. Características que encontramos a menudo en los pintores israelitas. Como si estos artistas no pudieran contener un profundo tumulto interior, un hervidero de sensaciones. Son dones que no hay que subestimar, el arte no es solamente reglas y medidas.

En algunos cuadros, Lan-Bar logra manejar y ordenar sus impulsos sensibles. Alcanza entonces un equilibrio de valores más justo sin que el color y el dinamismo se debiliten, incluso ocurre el contrario.

 

Germaine Derbecq

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