LE QUOTIDIEN / EXPOSICIÓN DE ALUMNOS DE UNA ESCUELA INFANTIL DE TUCUMÁN

Exposición de alumnos de una escuela infantil de Tucumán

La Comisión de Cultura de Tucumán presenta en la Galería Peuser una exposición de alumnos de la Escuela Infantil de Artes Plásticas, alrededor de noventa obras, comprendidas entre pinturas, esculturas, dibujos y grabados.

Estos niños tienen entre siete y catorce años, la mayoría tiene entre nueve y trece años, lo que ya no es la edad en la que las calidades plásticas y poéticas son las más brillantes. Los profesores animados por una fe apostólica han, sin embargo, logrado salvaguardar en gran parte esta frescura y espontaneidad que marcan las obras infantiles.

Su método —si podemos llamarlo de esta manera— consiste en despertar en el niño el gusto por la armonía plástica, generalmente por el contacto con la naturaleza, guiarlos siempre teniendo en cuenta sus aptitudes, sus preferencias, sus reacciones, y darles los recursos técnicos. Sus objetivos, que incluyen en el prefacio del catálogo, no son muy habituales para las escuelas y sorprenden gratamente. Se proponen que los niños “puedan expresar lo que son”, viviendo en la verdad, que les va a permitir “una profunda y auténtica formación total”. Como se puede apreciar, no es solamente una enseñanza, sino una cultura de las artes plásticas.

Para un ojo entrenado, es fácil darse cuenta en esta exposición lo que es ajeno a la concepción infantil y nos lleva a darnos cuenta que en donde la intervención del maestro es más evidente hay una complicación y un empobrecimiento. Por ejemplo, los niños emplean sobre todo los colores puros. Creyendo enriquecer sus paletas, se les enseñan las mezclas a fin de que puedan modular los tonos. Sin embargo, los chicos de todos los países del mundo han demostrado y demuestran cada día que son muy capaces de hacer descubrimientos sorprendentes, siempre inesperados, de una intensidad y de una riqueza que los maestros de los colores no logran siempre. Y esto, empleando los colores tal y como salen del tubo de pintura. No hacen tal vez “pintura”, hacen algo mucho mejor: simplemente una obra de arte.

No obstante, es indispensable crear clases de artes plásticas en las escuelas infantiles, y debería ser con este tipo de directivas que deberían organizarse.

Aunque no creo en la utilidad de estas clases y en la eficiencia del arte dirigido a los niños. Primero, por la excelente razón que saben mucho más que las personas grandes, ya que obtienen sus conocimientos de fuentes difícilmente accesibles a los que quieren ser sus maestros: en el instinto que es tal vez el conocimiento del ser y de su modelo, perfecto. Estado de aceptación que se puede confundir con inocencia, del cual el Evangelio nos dice: “Si no son como estos pequeños niños, no entrarán al reino del Señor”.

Luego, porque los niños, y en general los más dotados, rechazan con vehemencia cualquier mandato o sugerencia. Y esto es fácil de constatar. Cuando un niño hace una pintura y se le propone que agregue un color o una línea, rechaza cualquier añadidura o modificación; es porque la mayoría de las clases de dibujo para niños pierden irremediablemente estos jóvenes talentos. Aquí radica la lógica infantil que sabe fehacientemente que su dominio está cerrado a sus padres y a sus maestros, ámbito en el que la imaginación es realidad y la realidad, un sueño.

Si nuestra época se interesa en las obras de los niños, no es porque sea más rica en obras juveniles sino porque se encuentra más capacitada para apreciarlas. Los artistas modernos podrán saber todo tipo de técnicas, de conocimientos, toda la anatomía, todas las composiciones más sabias, pero no es suficiente para realizar una obra de arte. Se interrogaron sobre los inquietantes problemas del arte dicho “primitivo”, el de los pueblos llamados “salvajes”, pintores que se consideraban naif o de domingo. Muchos no están lejos de pensar que es tal vez en este estado infantil, o de conocimiento propio de los jóvenes y de los poco civilizados, que habría que buscar las claves del misterio del arte, esforzarse para redescubrir las fuentes olvidadas, zambullirse más allá de las apariencias en este terreno que nos parece irreal y que es sin dudas real.

Germaine Derbecq

6to año – N ° 125 – Buenos Aires, 6 de abril de 1954

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