LE QUOTIDIEN / REFLEXIONES Y DESEOS PARA 1954 // EL ARTE PARA EL PUEBLO 6

6to año, n° 49, Buenos Aires, 5 de enero de 1954

Reflexiones y deseos para 1954

Si por un solo instante hubiera creído que París ya no era el centro mundial del arte, habría recibido una válida desmentida estas últimas semanas, ya que no pasó un solo día sin que un artista anunciara su próximo viaje a la ciudad luz. Supongo que pasa lo mismo en todos los países del mundo.

 

Estos artistas no son los típicos “recién llegados” ni son los hijos de familias que tienen la costumbre de pasar sus vacaciones en Europa. La mayoría de estos viajeros apenas tienen los medios, modestos; muchos han hecho ahorros desde hace unos años, muchas veces restringiéndose a lo mínimo para realizar este viaje.

Uno de esos jóvenes me decía: “Tengo justo para cuatro semanas de estadía, y he tenido que hacer cálculos precisos para que me alcance con mis ahorros”. Que esta emotiva peregrinación le dé el milagro que espera. Una fe tan importante tendría que tener su recompensa. ¿Qué esperan entonces todos de París?

Estos últimos años, fueron un gran siglo para las artes, en particular para la pintura. París fue un inmenso crisol de talentos de todas las razas. Sin embargo, los artistas no pueden vivir del aire. Sus actividades no difieren de la del resto.

¿Cómo responde Francia a tanto entusiasmo y admiración? Tal vez no de la manera en la que los artistas lo esperaban. Hay suficientes becas y facilidades para una cantidad limitada de estudiantes y una Ciudad Universitaria que puede acogerlos. Aunque se encuentra aún en etapa de proyecto, estará la Ciudad de los Artistas en el corazón de París, en el pintoresco barrio del Hotel de Ville, con un centro de bienvenida para los extranjeros y talleres para que puedan trabajar. Incluso todos los países tendrán su pabellón.

Esperando que se haga realidad, se podrían ir probando ciertas mejoras: que las compañías navieras concedan rebajas más importantes, que los hoteles dentro de la media propongan precios moderados, que las familias retomen el viejo sistema de intercambios. Esperemos que Francia sabrá tomar iniciativas que les permita a un gran número de artistas ir a visitarla.

Para los que se quedan, deseemos que se organice para ellos una gran cantidad de exposiciones y conferencias, que las exposiciones de sus obras estén organizadas fuera de las fronteras y más allá del mar. Deseemos también que todos los artistas tengan los mismos derechos y los mismos beneficios, ya sean tradicionalistas, modernos o concretos.

Si todos estos deseos fueran concedidos, el año 1954 será un gran año para los artistas y para las artes.

Germaine Derbecq

¿El arte puede ser para el pueblo? (Parte V)

Continuación…

 

Señora de Antoine Bourdelle, compañera y musa del Maestro. Organizó en París el Museo Antoine Bourdelle, del cual es curadora.

1.—El arte es accesible para el pueblo. ¿No ocurrió acaso que la mayoría de los artistas, y de los más grandes, han salidos del pueblo?

2.—Si las masas tienen un gran interés en el deporte, es que los deportes son dinámicos. En cambio, la contemplación del arte es estática. Los que tienen menos educación tienen necesidad de dinamismo, pero respetan con indiferencia la contemplación. Para comprender y apreciar el arte, la cultura es necesaria, indispensable. Es por la calidad de la educación que los países pecan actualmente. Todas saben que los niños del mundo entero hacen maravillosas pinturas, y que apenas el maestro interviene, no hacen otra cosa que malos trabajos y pocos pueden reaccionar.

Es necesario que los Estados den el ejemplo al no poner bajo los ojos del pueblo monumentos públicos feos, al retirar de las ciudades lo que no es bello, no construyendo para lucrar, pero hacerlo en favor de hombre. De esa manera los hogares no estarán construidos en función de una ganancia sino para rodear al hombre de belleza, que le es tan necesaria como el pan.

Hay que construir hermosos teatros, hermosos cines, hermosas salas de concierto en los que el pueblo aceptará que se toquen buenas obras, buenas películas y buena música.

Pero quien puede discernir entre lo bello y lo feo. Hay suficientes hombres talentosos en el mundo para dirigir estos esfuerzos, pero es necesario darles el poder. No son siempre los dirigentes que tienen esa capacidad. Se puede ser una eminencia, educado y no entender el arte. Es más difícil educar a los jefes que al pueblo en los conocimientos de las artes. El pueblo sabe en efecto que es ignorante por lo que, según Confucio, ya se encuentra a mitad de camino.

G. D.

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