LE QUOTIDIEN / EL ARTE PARA EL PUEBLO 7 (FINAL)

¿Puede ser el arte para el pueblo?

Continuación y final

André Bloc. Escultor, pintor, director de las publicaciones “La arquitectura hoy” y “El arte hoy”.

 

En ciertos países en los que los gobiernos creyeron bueno el hecho de instaurar un dirigismo artístico, con frecuencia se les ha ordenado a los artistas orientar sus búsquedas hacia un arte destinado a las masas populares. A esto, se objetó que, para ser bien comprendido, el arte exigía una cultura artística que el pueblo puede carecer. La experiencia prueba que el dirigismo artístico ha dado, de manera general, muy malos resultados. Paraliza la creación y no contribuye en absoluto al acercamiento entre los artistas y el pueblo.

Yo pienso, contrariamente a lo anterior, que existen medios sencillos para que la población se interese en las obras de artistas; para esto hay que establecer contactos permanentes entre la masa del público y las obras de los artistas. Estos contactos pueden ser facilitados por el urbanismo y la arquitectura. Deberíamos tener la costumbre de vivir adaptados a nuestra época.

La mayoría de las ciudades europeas constituyen, para sus habitantes, entornos antiguos en donde las mejores construcciones datan ya de hace dos siglos. El hombre del siglo xx debería vivir en ciudades y hogares construidos para él. Hay que suscitar, en las masas, el espíritu creador y el amor por la época. En lugar de esperar los tiempos futuros probables, hay que creer en el corto período de vida impartida en cada uno de nosotros. Hay que quererlo, hay que darle todo y pedirle todo. Para esto es evidente que hacen falta recursos. Pero, ¿qué derecho tenemos de esperar si no estamos siquiera animados por el gran entusiasmo? Los poderes públicos deberían dedicarse justamente a recrearlo. En lugar de considerar a los mejores creadores como un elemento insignificante de la sociedad, debería ser urgente devolverles el rol preponderante que han tenido en el pasado. El arte debe ser entendido y querido por el pueblo tan bien como los deporte o los espectáculos, ya que las masas populares tienen un instinto muy confiable que los preserva del menosprecio.

 

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Leon Degand. Crítico de arte.

1.- Sí, el arte es accesible para el pueblo, siempre y cuando este haya tenido el cuidado de aprender el lenguaje de un arte, ya sea aprendido en la escuela o por sí mismo.

Este problema es realmente sencillo y su simplicidad aparece si en la pregunta “¿es el arte accesible para el pueblo?” remplazamos arte por matemática o geografía. Es siempre un asunto de instrucción, de educación. Por supuesto, no hay que hacer más arte para el pueblo que matemáticas para el pueblo.

2.- Para dar un impulso a la difusión de las artes plásticas, no son necesarios recursos grandiosos, pero recursos eficaces. No sirve para nada llenar nuestros lugares públicos con esculturas o pinturas monumentales si no se ha formado previamente al público para que sea capaz de apreciarlo con conocimiento de causa.

Conclusión

El arte es efectivamente accesible para el pueblo es la conclusión de esta encuesta. Lo contrario sería monstruoso. Si la pregunta ha sido planteada a pesar de su apariencia evidente, es porque diariamente, y en general en todos los países, se habla de “arte para el pueblo”, que es lo que generó preguntarse si el arte de un Giotto, de un Uccello, de un Fouquet, de Seurat, Cézanne o Juan Gris, para limitarnos a nuestra era y citar solo algunos nombres, podría no ser para el pueblo.

Las respuestas a la segunda pregunta, relativa a la difusión, recomiendan medidas que pueden realizarse de inmediato y proponen generar una mayor cantidad de reproducciones de obras maestras de todos los tiempos, organizar cursos de historia del arte, programas de televisión, producir películas. Es innegable que todos estos recursos pueden tener un valor si no despreciamos los métodos publicitarios que hasta ahora se han mostrado y si tenemos en cuenta que estas medidas no serán realmente eficaces si no son aplicadas por dirigentes verdaderamente expertos.

El arte se rodea de tanta veneración, de tantos falsos puntos de vista, de tantos datos inválidos que incluso las mentes más iluminadas mantienen una excesiva prudencia cuando se trata de predecir algo.

Nos podemos imaginar ciudades nuevas, viajes en la estratósfera, armadas de robots, pero nos parece difícil, sino imposible, imaginar la pintura y la escultura en el futuro.

Sin embargo, si nuestras miradas se encuentran exageradamente dirigidas hacia el pasado o ancladas muy profundamente en el presente, nos arriesgamos, cuando prevemos la difusión del arte, de limitarnos siempre a los mismos recursos: exposiciones, salones, conferencias, etc., que probaron que no son eficaces más que en ciertos círculos muy restringidos.

Si, por el contrario, somos, o nos esforzamos en ser, hombres de la segunda mitad o del final del siglo xx, nuestras miradas se dirigirán hacia la arquitectura y el urbanismo por un lado y hacia el arte industrial y el maquinismo por otro lado, como los mejores caminos para dirigir a las masas hacia la comprensión de las artes.

En efecto, los que han tenidos la suerte de vivir en estas nuevas arquitecturas, estas “máquinas para vivir” construidas en función de la felicidad del hombre, cambian de mentalidad e incluso de personalidad, y se convierten en hombres de su propia época. Las guerras podrían haber tenidos esta afortunada consecuencia, la de permitir la renovación de cada uno gracias a la arquitectura, porque las ciudades destruidas resultaron ser un enorme campo de experiencias.

Es cierto que la mayoría de los hombres no tienen consciencia de que en esta era de las máquinas el arte está presente a través de la innombrable cantidad de aparatos, aviones, automóviles, objetos de uso, etcétera. Reciben, sin embargo, el mensaje de belleza, de armonía y de creación. Hacer comprender el porqué a las masas sería un buen medio de cultura estética, al mismo tiempo que una vía de acceso a la comprensión de las nuevas expresiones de la pintura y de la escultura.

Agradezcamos a todos los que con sus respuestas han contribuido al éxito de esta encuesta. Encuesta que no hará avanzar demasiado la cuestión, pero que habrá tenido el mérito de haber reconocido la importancia del tema.

Gemaine Derbecq

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