LE QUOTIDIEN / LAS EXPOSICIONES // BADIÍ EN LO DE KRYAD

6to Año – N°336 – Buenos Aires, 24 de agosto de 1954

Las exposiciones

El 4to Salón Nacional de Grabados y Dibujos

El afiche prometedor, en el mejor estilo moderno, podía hacer suponer una orientación nueva de esta exposición, pero no fue así. Este salón no presenta más que obras carentes de toda intención plástica; aspiran solo a un buen trabajo, a menudo con un anacronismo desconcertante.

Hay algunos pocos que se esfuerzan por demostrar que el dibujo y el grabado no son solamente técnicas, pero estos artistas son una minoría. Entre ellos podemos citar a algunos: Alda María Armagni (2do Premio), Badií, Oscar Barberis, Castagni, Faggioli, Laurens, Francisco Ramos de los Reyes (mención), Rosario Moreno.

En cuanto a los premios, son numerosos, más de veinte, de los cuales los principales, el Gran Premio del Presidente de la Nación Argentina y el Gran Premios de honor del Ministerio de Educación fueron otorgados a los dibujantes Elba Villafañe y Hector Perrazo, y a los grabadores Adolfo Sorzio y Beatriz Juarez.

Este tema de los premios ya hizo derramar demasiada tinta. Premios a menudo acusados de todos los estragos. Es cierto que pueden ser una ayuda material, aunque pueden también incitar a concesiones que no son utilizadas para el arte. Los artistas crean solamente con total libertad, entonces para ayudarlos verdaderamente hay que tener en cuenta este factor esencial.

Deseemos que el Salón del Grabado y del Dibujo el año próximo reunirá obras que serán más significativas, lo que no sería una dificultad —los dibujantes y grabadores modernos de valor no faltan en la Argentina.

 

Zygro en Galatea

Mientras que muchos pintores se dejan tentar por las búsquedas de materiales nuevos, cada vez más refinados, los grabadores saben servirse de la riqueza de los valores y de los efectos poéticos que el cobre y el punzón permiten. Incorporando elementos inusuales, encontraron nuevas y seductoras expresiones. Zygro puede incluirse en este tipo de artistas.

Sus grabados sorprenderán a varios ya que tienden a lo pictórico. Resultado ilícito para un grabador ortodoxo, pero más que válido desde el punto de vista del arte.

A estos artistas les hace falta imaginar nuevas técnicas que les permitan renovar las expresiones grabadas. Ciertamente, los medios simples tienen ventajas; en cambio, los medios multiplicados incitan a menudo a una desidia y al efecto en perjuicio de la profundidad.

Por el momento, Zygro no se preocupa por esto. Está totalmente compenetrado por el encantamiento de reconocerse con sus nuevos juguetes, con los cuales se entretiene desarmando y ajustando al grado de su fantasía, para su mayor placer y por el nuestro.

La Galería Galatea que está con este grabador desde sus comienzos en la edición del arte, presentó un buen enmarcado que contiene los grabados en negro y en colores, los cuales poseen, como los de la exposición, un encanto particular debido a los acordes imprevistos del grafismo y del colorido.

 

Seoane en Bonino

Seoane pinta y compone sus cuadros con autoridad, no dejando nada al azar y utilizando todos los recursos de sus conocimientos. Sus dibujos simplifican, aunque no recrean. Las gamas de colores limitados sabiamente, muy saturados y vibrantes, se imponen con firmeza. Un trazo negro subraya muy a menudo, recurso que resuelve fácilmente bastantes dificultades.

La visión de Seoane es esquemática, consecuencia de la disciplina a la cual ha debido someterse el ilustrador. Este artista dice lo que tiene que decir sin metáforas ni parábolas, se revela de un golpe y entero. Sin ninguna duda, si se hubieran inventado nuevas formas, sus pinturas ganarían en misterio y en poesía.

 

Torres Agüero en Kryad

Este pintor, que es uno de nuestras esperanzas entre los nuevos artistas figurativos modernos, atraviesa visiblemente un momento difícil de su evolución pictórica.

Esto prueba que se está buscando y para esto no teme comprometer momentáneamente algunos éxitos para lograrlo.

Muchos verdaderos artistas han conocido estas dificultades. Es más bien un buen augurio, siempre y cuando pueda lograrlo.

Por sus pequeños cuadros, que contienen sus nuevas búsquedas, parece querer transmitirnos la visión de un ser humano, extraño y nuevo (para quien lo ve por primera vez). Visión no tan habitual como es de esperar. En general el artista traduce más de lo que puede ver, tomando elementos de la naturaleza, transformándolos y adaptándolos a las necesidades del cuadro, en función de su sensibilidad.

Pintores como Van Gogh y Soutine “visionaban”. Don particular que no puede ser encontrado ni forzado sin exponerse a los peores disgustos. El futuro nos enseñará si Agüero posee ese don. Por el momento, se encuentra en un punto muy delicado en el cual el acuerdo entre su visión y su plástica no está aún establecido.

 

Azzoni en la Sala v de Van Riel

Azzoni pinta paisajes, seres, que lo rodean, que creen que nos lo van a devolver con sinceridad. Sin embargo, esta sinceridad sería mejor un estilo que se había forjado y más convencional que plástico.

No utiliza más que con mucha prudencia los recursos técnicos, se podría incluso decir que siente una cierta desconfianza, cuando parece dar toda su confianza a los “efectos del cuadro”. Reminiscencias, tal vez inconscientes, pero capaces de paralizar las buenas intenciones que este pintor parece tener.

Los grises, los tonos, los valores modulados, le convienen mejor que los colores. Hay tal vez en él un escultor que se ignora. Los planos y los volúmenes muy marcados de sus lienzos apoyarían esto.

Para este artista, llegó el momento de ver claro qué es lo que quiere. Sin olvidad que para sugerir la naturaleza se puede hacer únicamente por equivalencias, inventando y recreando, y que esta es la única manera de hacer verdad en una pintura. Para esto, no hay que temer emplear todos los recursos que se encuentra a disposición de los pintores; es solamente luego de haberlos utilizado y de haber tomado todo lo que pueden dar, que cada artista puede encontrar el suyo.

 

Germaine Derbecq

6to Año – N ° 325 - Buenos Aires, 10 de agosto de 1954

Badií en lo de Kryad

Si a lo largo de los tiempos la escultura perpetúa la memoria de los grandes hombres, representó a Dios y a los santos, fijó para siempre los mitos y las alegorías, hay que reconocer que tiene esencialmente algo permanente. Es sin lugar a dudas esta superioridad que le confiere, más que cualquier otro arte, la obligación de ser cada vez más representativo, hasta convertirse en ello de manera sumisa, al punto de olvidar de a poco sus objetivos y sus recursos.

Solo hace unos cuarenta años que, estimulada por la pintura, la escultura conoce también embriagadoras aventuras.

Su último descubrimiento, este simple hilo que se lanza, trazando perfiles y arabescos, que aprisionan tormentos y certezas, por siempre las mismas que las de los escultores, los volúmenes y los espacios, parece ser la última posibilidad de su liberación.

Me hacía estas reflexiones mirando las esculturas de Badií. Si no está en la fase aérea (y no es indispensable que lo esté), se encuentra en la fase en la que la escultura quiere vivir sin tener que rendirles cuentas a los bellos rostros, a los desnudos agradables, a los respingados académicos o a los monumentos tipo “pastel de bodas” (“piece montée”).

Los sentimentales exclamarán con tristeza que en esta vía lo humano estará para siempre excluido de la obra de Badií. Pero entonces, ¿qué es lo humano para el artista plástico? No es otra cosa que proporciones, perfiles, una sucesión de perfiles, valores, negro, gris, luz. En cuanto a lo descriptivo, a lo anecdótico, a la psicología, es territorio de la literatura. Lo humano es escultura, reside únicamente en los recursos enunciados más arriba y, por otro lado, fueron los de todos los grandes maestros de la estatuaria, son los de los artesanos, formas en el espacio, creando nuevos objetos dotados de una vida que es la suya, con todas las características de una realidad, ya que toman prestados únicamente los recursos que exteriorizan la vida de todas las cosas.

Badií se lanza con coraje a lo desconocido, armado de certezas, dueño de un hermoso oficio, tallando la piedra y el mármol amando y respetando el material. Se encuentra sin lugar a dudas preparado para darnos obras esculturales. Podemos constatarlo en su bella exposición en la que se puede ver fácilmente que llegó a vencer muchas dificultades y que alcanzó los objetivos que se había propuesto: desprenderse del academicismo que lo formó, del naturalismo que lo había atraído, seguir su poderoso instinto que lo despertó hacia la inteligencia plástica y que le permitió ejecutar obras tales como Torrente, de la cual los planos sucesivos dibujan líneas sinuosas y atraen las cariñosas luces hasta las últimas abstracciones, volúmenes pesados, densos, dotados de la nobleza y de la fuerza de la gran escultura monumental.

Le queda ahora encontrar su propia expresión, que llegará sola, a su debido tiempo, si persevera con la misma serenidad, la misma obstinación y la misma pasión en el camino por el que se comprometió.

 

Del Prete en Galatea

Del Prete presenta pinturas de tres períodos distintos y esculturas en hierro ejecutadas entre 1944 y 1954. Esta exposición es una suerte de adiós ya que Del Prete se prepara para irse a París.

Desde hace un largo tiempo se decidió a estudiar pintura. Entre sus camaradas, era el más inquieto, el más independiente y el más fantasioso. Era esta su verdadera naturaleza ya que sigue siendo así.

En cuanto a sus múltiples dones, los posee todavía, no habiendo visto la necesidad de sacrificarlos. Los utiliza con el mismo desenvolvimiento y con la misma naturalidad juvenil con la que trabaja sus cuadros.

Del Prete vio y retuvo mucho, y se sirve con gusto todo lo que le gusta, aparentando no tener otro objetivo que la alegría de hacer malabares con los juguetes plásticos que conoce bien, evitando de todas maneras los que podrían ser peligrosos. Tal como el espectador del sillón de orquestra, prefiere las aventuras vividas sin un compromiso total.

No se le puede hacer un solo reproche, cada uno juega el rol que le es conferido. Miremos entonces sus pinturas sin malos pensamientos, disfrutemos del placer que nos pueden dispensar ya que son animadas, coloridas, suficientemente sabias. No exijamos una renuncia total, pureza integral, dejémonos llevar por la alegría de estos juegos encantadores que son ingeniosos y bien pintados.

 

Laura Mulhall Girondo en Witcomb

Laura Mulhall Girondo posee una ingenuidad que las enseñanzas recibidas no han llegado aún a pervertir. Aparentemente, tienen mucho para hacer si lo quieren lograr. Hasta el momento, pudo someterse a su voluntad y no la utiliza más que hasta un cierto punto. Es que, sobre todas las cosas, esta artista pretende ver, comprender y traducir ella misma.

Como vive cerca de la naturaleza, los grandes horizontes le son familiares, es visible que le agradan y se esfuerza por expresarlo. Propuesta bastante difícil, sin embargo, logra a menudo crear paisajes en los que la plástica, la sensibilidad y la expresión armonizan agradablemente.

 

Alberto Gray en Plástica

Hay que notar que son cada vez más los pintores que se ven atraídos por la combinación de materias, la superposición sabia de los colores, las raspaduras, las transparencias.

Ciertamente, son medios que pueden ser plásticos, que fueron empleados en todas las épocas y particularmente en aquellas en las que la pintura horizontal estaba a la orden del día. En los Primitivos, los pliegues de las vestimentas, los trazos del rostro, de los cabellos, de la ornamentación eran pretexto no solamente para enriquecer las superficies sino para organizar y ordenar la pintura. Si no es así, se corre el riesgo de caer en los recursos de artes menores y decorativos.

Quiero creer que el pintor Alberto Gray no entró en estos juegos de materias sin conocimiento de causa, ya que sus cuadros están conscientemente elaborados, finos y agradables.

 

Germaine Derbecq

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